En Oaxaca, un paisaje desolador tras el sismo







Con 36 muertos, Juchitán fue la más castigada por el terremoto que dejó 65 víctimas fatales y decenas de miles de damnificados en los vulnerables estados del sur del país (Oaxaca, Chiapas y Tabasco).
Durante esos interminables minutos del jueves a la noche, el estruendo de las casas al colapsar, la sacudida de los árboles y el ruido de objetos al estrellarse se confundieron con los ladridos de los perros, los gritos y la desesperación. Luego, el silencio y la desolación. Era casi la medianoche y la oscuridad se impuso como nunca en Juchitán (ubicada en Oaxaca) y otras localidades de la zona.
A la luz del día, en cada cuadra había un legado de edificios y casas derrumbadas. Como la casa de la señora Guadalupe, una maestra de 55 años que se salvó por segundos. "Estaba con mi hijo haciendo la tarea -relató-. Tenía que escribir el nombre de unos animales. Uno era una cotorra de plumas brillantes, de las de Venezuela. Y entonces empezó a temblar. Agarré a mi hijo y nos metimos debajo del arco. Y justo se cayó el techo."
Juchitán está muy cerca del mar, a poco más de 100 kilómetros del epicentro del sismo. Cincuenta de los 128 millones de mexicanos sintieron el temblor. En Ciudad de México, los vecinos escucharon el estridente aviso del alerta sísmico. Hace años que la capital instaló cientos de altavoces para avisar de los terremotos. Es uno de los efectos del devastador sismo de 1985, que dejó más de 10.000 muertos y una sociedad atenta de por vida.

Tembló tan fuerte en la capital que hasta el Ángel de la Independencia, una estatua elevada sobre una columna de casi 100 metros, uno de los monumentos principales de la ciudad, se tambaleó como una espiga de trigo a campo abierto.
En los estados sureños se notó todavía más. Y lo peor es que tomó a todo el mundo por sorpresa. Sin experiencias similares a las de la capital, la gente no tenía una idea clara de lo que pasaba. Pero no necesitaron alarmas, sino su propio saber para buscar protección bajo el marco de las puertas o correr al aire libre, mientras veían derrumbarse los techos y paredes de sus hogares y de los edificios que les daban tradición e identidad.
Por lo menos una tercera parte de las casas de Juchitán se derrumbaron o quedaron en condiciones imposibles de habitar.

Fuente: Lanacion y sopitas.com

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